Durante los últimos días, el periódico Diario de Colima ha venido publicando notas periodísticas y comentarios editoriales acerca del libro “Sin Red ni Salvavidas”, editado por la Secretaría de Cultura del Estado de Colima en el marco del Mes Colimense de la Lectura y el Libro y antologado por los poetas Rocío Cerón y Rodrigo Castillo, editores de El Billar de Lucrecia. Al respecto me permito hacer las siguientes aclaraciones:
1. Rechazo tajantemente que el libro haya sido distribuido entre estudiantes de quinto y sexto grado de educación primaria como falsamente ha afirmado este medio, pues ni la Secretaría de Cultura ni la Coordinación Estatal de Fomento a la Lectura, a mi cargo, han realizado evento alguno en escuelas públicas, salvo seis talleres de ciencia para niños en los que no fueron distribuidos libros. Las escuelas referidas son: Escuela Artículo 3º Constitucional, en Zacualpan; Escuela General Emiliano Zapata, en El Cóbano; Escuela Profesor Lorenzo Villa Rivera, en Villa de Álvarez; y Escuela Profesor Daniel Delgadillo, en Cardona.
2. Por lo tanto, son falsas las acusaciones de este medio y algunos de sus editorialistas y reporteros, pues han insistido y mentido reiteradamente al decir que el libro fue obsequiado a niños de quinto y sexto grado de escuelas primarias. Sostengo que el libro ha sido entregado a jóvenes que participaron en eventos organizados durante el Mes de la Lectura así como obsequiado, casa por casa, con el cuidado de señalar que se trata de una lectura apropiada para adolescentes y adultos.
3. Mienten también, porque en ningún caso, en las notas en que hacen alusión a padres de familia que se quejan mencionan nombres. No los mencionan porque no los tienen, porque sus afirmaciones son falsas. No los tienen ni los refieren, porque han intentado escudarse en el término periodístico de la “fuente reservada” para difamar a la institución en que orgullosamente trabajo y de paso a su titular, Rubén Pérez Anguiano y a mi persona. Recurren a la mentira porque no poseen mejor arma: los argumentos los han perdido, no saben debatir y saben que cargan con años y años de desprestigio en sus espaldas. Que les crea quien no los conozca.
4. La naturaleza del libro “Sin Red ni Salvavidas” es eminentemente juvenil. El libro reúne textos de jóvenes escritores del continente americano que cuentan ya con un amplio recorrido en sus países e incluso internacionalmente. Muchos de sus poemas han sido traducidos a diversas lenguas y la única pretensión de la Coordinación de Fomento a la Lectura y la propia Secretaría de Cultura fue la de ofrecer a los jóvenes una perspectiva de los registros poéticos y pensamientos de sus pares en el continente americano. Dudas, pensamientos, circunstancias y temas que pertenecen a una misma generación; que no tendrían por qué resultar ofensivas a las instituciones. Cuestionamientos que se repiten cíclicamente en la historia universal y en el desarrollo del arte y la literatura, temas que siempre, como ahora, han motivado reacciones ofensivas y virulentas en su contra.
Y me permito hacer las siguientes afirmaciones:
5. Respecto a la obscenidad y la pornografía de la que tanto hablan sin enjugarse la boca me permitiré citar a Mario Benedetti (en Sobre Artes y Oficios. Editorial Alfa. Montevideo, Uruguay. 1968): “Las acusaciones de obscenidad… han alcanzado a autores de todos los tiempos, climas y lugares, y casi nunca apuntan a los auténticos pornógrafos, especie que, por supuesto, existe, aunque raras veces sea molestada por los censores. Estos han preferido ocuparse, a través de los siglos, de pornógrafos tan apócrifos como Platón, Aristófanes, Aretino, Cátulo, Ovidio, Rabelais, Shakespeare, Pepys, Mark Twain, Swinburne, Baudelaire, Shaw, Frank Harris, Lawrence, Joyce, Henry Miller”. Con el tiempo, dice Benedetti, “el arte triunfa sobre la censura”.
6. La crítica de los editorialistas del Diario de Colima sólo demuestra su intención de erigirse en censores del pensamiento; es una nueva intentona de recuperar el control que han perdido de las instituciones culturales y de sus recursos, que tanto añoran y extrañan; es una muestra más de que representan un peso, un plomo, en contra del crecimiento de la cultura en nuestra entidad; es el reflejo de la desesperación y el odio que el polvo que consumen a diario les ha dejado en la cabeza, en el estómago, en el corazón.
7. Pero su censura obedece solamente a lo lastimados que se sienten por no ser ellos los publicados en este libro o en cualquier otro libro; se sienten ofendidos porque no se les “toma en cuenta”. “Vacas sagradas” que son, han comenzado a urdir una campaña en contra de todo: del viento, del aire, de la palabra; su conciencia y su conveniencia se siente ofendida.
8. Qué calidad humana puede tener alguien que, como Sergio Briceño, escribe en el libro Transe (editado por la Secretaría de Cultura en 2005 con recursos del Fondo Juvenil con Québec): “Dios hizo a la mujer semejante a un depósito/ Igual que urna de paso/ Y si observas verás/ entre sus piernas/ lugar para llenar/… La mujer es de todos/ Y ay de aquella (sic)/ que no se entregue un día/ por unos cuantos lujos/ al obelisco del gandul/… Llámala puta o safia/ Llámala madre hermana/ amante hija”… Con qué cara vienen a criticar los versos de Washington Cucurto, Monserrat Álvarez y Germán Carrasco, sacándolos de su contexto y de la realidad del poema. Perversos e ignorantes que son, intentan acomodar las palabras a su gusto. La trampa los delata; el odio los arrastra. La distancia y la historia nos juzgará a cada cual y cada cual tendrá su lugar. Si no, al tiempo.
9. La doble moral de los críticos al libro, los ha llevado a recurrir a la opinión de miembros de la Iglesia. Esas opiniones son respetadas por su servidor. Pero vale la pena preguntarse qué habrán sentido estos “críticos” cuando pisaron el templo y antes dijeron: “Los dioses me han mostrado/ su existencia/ Lo afirman el vino en mi garganta/ y la múltiple voz/ que me aconseja” o cuando asentaron: “agitador de las calderas/ removedor de pócimas/ custodio del Elíxir/ Cuando los ángeles cayeron/ para buscar placer entre las hembras/ y se escuchaba/ en los camastros/ el batir de sus plumas/ Cuando la densa soberbia confundió a Luzbel y Eva se negó a multiplicarse/ Cuando aquello que aferraba a Lot/ era una mano de sal/ yo estaba despierto/ en un salón/ junto a la hoguera/ vestía un traje negro y una corona con sapos de zafiro”. Sus versos, sus palabras, los retratan como son. No hay más.
10. San Pablo, en su Epístola a los Romanos (cap. 14, vers. 14) dice: “Yo sé y estoy seguro en el Señor Jesús, (que) ninguna cosa es inmunda de por sí, solamente lo es para quien la considera inmunda”. Que así sea.
Josué Esaú Hernández Vargas
Coordinador Estatal de Fomento a la Lectura
jueves, 30 de abril de 2009
A la opinión pública:
viernes, 2 de enero de 2009
Caos portátil
Es el nombre del número 9 de Ediciones El Billar de Lucrecia, que dirige la poeta Rocío Cerón. En Caos Portátil, como dicen sus antologadoras se reúne el caos de los paisajes brasileños y confluyen el concretismo, el socialismo, la poesía visual, los juegos verbales de una poesía en constante movimiento, de una poesía selva poblada por millares de animales poéticos. Leía yo Caos Portátil cuando me encontré con algunas cosas para reflexionar que además de las exploraciones estéticas presenta esta poesía: la del Brasil ha sido una literatura comprometida con su entorno, apegada a una realidad que lastima y alejada, en muchas ocasiones de esa intimidad de la gran mayoría de la poesía mexicana. Me preguntaba entonces ¿por qué si se coincide en circunstancias sociales, en momentos políticos, si se padece la misma crisis es tan distante este "rasgo social" -por así llamarlo- de la poesía mexicana a la siempre solemne y reduccionista poesía mexicana? ¿Qué nos pasa?, se preguntaría el filósofo Pirruris...
lunes, 17 de noviembre de 2008
Día Nacional del Libro
Colima celebró el Día Nacional del Libro, el colectivo Te Leo, compartió textos diversos de Carlos Fuentes; la Sala de Lectura Agustín Santa Cruz prestó más de 400 libros; la tubería poética transportó versos a muchos oídos y la fiesta terminó en la Clínica...
jueves, 9 de octubre de 2008
Rogelio Guedea: Oficio Leer
En abril de 2008, la Secretaría de Cultura de Colima y Aldus Poesía, editaron el libro Oficio:Leer, de Rogelio Guedea. Oficio Leer es un texto peculiar al que podríamos considerar una agenda de lectura, una novela sobre los hábitos de lectura, un diario de un lector empecinado en hacer que los demás lean, las notas de un escritor sobre sus lecturas, en fin: una mezcla que deriva en una lista de consejos, apreciaciones y paradigmas sobre el acto placentero de leer. De ese texto, Colima Lee, entrega a los ciberlectores un fragmento:
"El hombre empezó a prestar los libros de su biblioteca privada. Prestó las obras completas de Borges, los cuentos de Carlos Fuentes, las novelas de Hemingway, las crónicas de Bryce Echenique, la poesía completa de Luis Cernuda. No se dio cuenta, hasta el final, que por cada libro que prestaba perdía una parte de su cuerpo. Así, cuando su biblioteca quedó vacía, el traje negro que el hombre llevaba puesto cayó de un plumazo al suelo frío, desconsolado por haber perdido los hombros, la espalda y las piernas que sostenían su pobre humanidad hecha palabras".
Más de Oficio Leer, de Rogelio Guedea.
martes, 7 de octubre de 2008
LEER_EN_LA_RED: Ríos de Tinta
La Editorial Ríos de Tinta ha echado a andar la colección "Para comprender la lectura", ello supone la aparición de volúmenes en los que se otorgarán al potencial lector y difusor de la lectura ciertas herramientas teóricas para entender ese fenómeno en la actualidad -época posmoderna de dragones digitales y espartas caricaturizadas- y algunas propuestas metodológicas para llevar a cabo talleres y recomendaciones entre niños, jóvenes y adultos que se acercan a las letras. En Colima Lee, entregamos a nuestros ciberlectores dos fragmentos del libro Prácticas Letradas Contemporáneas, de Daniel Cassany, para su disfrute y reflexión:
LEER_EN_LA_RED
A menudo se suele comparar una biblioteca de libros con Internet. Pero es una equivalencia falsa. En efecto en Internet está Wikipedia (la enciclopedia libre más grande del mundo, que también es una de las más consultadas), muchos libros y documentos diversos e incluso bibliotecas impresionantes. Pero la red también es un supermercado, una tienda de música, un videoclub, un consultorio médico, una central telefónica, una sexshop… y mucho más.
En la red podemos consultar datos veraces de muchas investigaciones serias, periódicos con las noticias más recientes, mapas detallados de cualquier parte del mundo, referencias de hoteles y museos, etcétera. Pero también están allí las instrucciones para fabricar una bomba, propaganda de sectas, panfletos que defienden que el sida es un castigo divino o que no existió el genocidio judío en la Segunda Guerra Mundial. Internet mezcla mentiras con verdades. Al no haber filtros ni censuras, cualquiera puede crear una web con sus ideas. Por eso es tan interesante como peligroso. Internet reproduce lo mejor y lo peor de todos nosotros.
Denominamos literacidad informacional a esta capacidad de identificar nuestras necesidades informativas, buscar y localizar en la red las respuestas y poder evaluarlas con éxito. El listado de habilidades que incorpora es impresionante: saber usar los motores de búsqueda, navegar por la red, conocer los diferentes géneros electrónicos, escribir en el teclado, manejar el ratón, identificar los diferentes íconos, conocer las webs más relevantes, etcétera. Se trata de un nuevo peldaño que debemos añadir a los componentes de la literacidad.
LEER_EN_LA_RED/EJEMPLOS
En una ocasión, estaba consultando mi correo electrónico en un cibercafé en Oruro (Bolivia), en el descanso de un Congreso en 2006. A las 5 de la tarde, la sala se llenó de escolares uniformados que jugaban en la computadora, chateaban y atendían a su correo. A mi lado, dos chicas de 10 u 11 años, serias y en silencio, teclearon “tuberculosos” en Google y empezaron a leer con atención las primeras webs de la lista de resultados que ofreció el buscador. Comentaron en voz baja algunos datos: “mira, mira, dice que está relacionada con el VIH”. No era una tarea escolar, era algo personal.
Martí (2008) analiza el diálogo de tres chicos de 13 ó 14 años que deben resolver la tarea de elegir una web para un amigo. El tema es los efectos que causa la marihuana en el cuerpo humano y las webs elegidas fueron: a) una del gobierno autónomo catalán (Guía de Salud para jóvenes, de la Generalitat de Catalunya), con prosa fácil y dibujos; b) otra de los farmacólogos españoles (tododrogas.net), muy técnica y con fórmulas químicas; y c) una web desconocida (ideasrapidas.org), que relaciona sospechosamente las drogas con la dignidad humana, la libertad o la religión. Los chicos descartaron en seguida la científica por ser muy técnica y desconfiaron de la oficial, por lo que se quedaron con la tercera. Sólo la intervención de la investigadora al final, destacando estos “enlaces” particulares, les hizo darse cuenta de que detrás de aquella web podía haber propósitos oscuros.
Hoy en día, los chicos buscan en Internet lo que necesitan. Allí está todo, creen. Quizá no todo… pero sí buena parte de lo que les interesa: música, películas, sexo, drogas, etcétera. Pero ¿saben leer en Internet?, ¿saben distinguir las mentiras de las verdades? La escasa investigación existente sugiere que no: leen en Internet sin capacidad crítica, sin distinguir grados de veracidad o motivaciones de los autores. Se sienten atraídos por las webs con más colorido, las que tienen poca letra, las que incluyen música o pequeños programas y juegos en línea. Asumen ¡ingenuos! que es todo cierto y que todo tiene buena intención, como en una biblioteca de papel.